Y después de todo

28.11.2013 15:02

¡Y después de toddo me quedo en mi silencio! guardando la ilusión que aún me queda. Reteniendo los hilos de esperanza que se han quedado entre la ropa de los tiempos felices. Es entonces cuando recorro mi casa y recuerdo cada cosa que en ella hay, mientras la situo en mi espacio tiempo. Fui feliz, si, y esos momentos vuelven a mi mente como si fueran copos de nieve que bailan en el aire pero que nunca cuajan, Solo el pequeño tiempo de su baile es la felicidad vivida ¿el resto? espacios de lucha y sinsabores que se apaciguan con la distancia que dan los años vividos. Recuerdo la brisa en la cara de lugares lejanos, mientras a mi lado la compañía de un amigo se hacía imprescindible. El agua separándose de las quillas de los barcos, mientras cruzaba los mares de este planeta hermoso y conflictivo. El silencio de los desiertos y las altas montañas, donde el hombre aún no podido destrozar nada. La sensación de sentirse parte del universo ,mentras contemplaba las estrellas en una noche clara en el valle de "Ucanca" a los pies del Teide. La sensación de humedad de los ríos americanos y las ganas de volar cuando ves las grandes cascadas callendo libres hacia las rocas del fondo. La contemplación armoniosa del vuelo del condor en precordillera, en Santiago de Chile. El olor inconfundible de las especias en los mercados de Asia y África, mientras unos ojos ecrutadores te siguen en la distancia. El alboroto de lenguas y palabras en árabe que surcan el aire en las Medinas. El frío del desierto por la noche mientras la luna dibuja filigranas en la arena. Silencios armoniosos con sus propias músicas inseparables. Recordar coo un coro cantaba una canción gallega al lado de las dunas naranjas de Namibia, en una noche de calidad sexual. La sexualidad de las horquidias en las islaas del Pacífico, salvajes y libres para jugar con las cabelleras largas y negras de sus habitantes. ¡Si he vivido! como dijo el Maestro Neruda ¡Tanto! que insultaría al mundo si no lo reconociera. Una vida de silencios y contemplación sin convento que me rodeara, ni me diera cobijo. Si fui feliz, como un niño cuando participé en los juegos de los parques con los muñecos animados de peluche y en sus atracciones increíbles de magias tecnificadas. Segundos a veces minutos, pero nunca horas, la felicidad se toma como muchas medicinas en sorbos pequeños, porque mucho de golpe, puede ser como el veneno, nos mataría. ¡Y después de todo me quedo con mi silencio! contemplando las fotos de los lugares por donde he paseado y dejando que mis recuerdos me devuelvan aquel maravilloso instante. Me gustaría escribir un libro dejando que mi alma traspasara el papel, para deciros todo lo que he sentido en estos años de vida. Me gustaría volver a todos esos lugares, pero la vida tiene el reloj escondido y no puedo saber cuanto tiempo me queda, por eso continúo paseando por lugares, calles, avenidas, callejones y plazuelas , a la espera de encontrar otro minuto de felicidad. También es cierto que soy un hombre de suerte, porque se donde encontrar esos minutos, que no es en otro sitio que en el teatro, cuando la gente ríe con mis ocurrencias, críticas o bufonadas. Soy un ser afortunado, porque además de todo eso tengo siempre mis silencios que me hacen saber de mi existencia.