Santo André de Teixido.

07.12.2016 22:23

Era de tarde. Anochecía cerca de Finisterre y aún estando lejos del mar podía sentir como latía. Santo André de Teixido me llamaba con la campana de su iglesia, mientras los cirios ardían en la cueva cerca de la iglesia del Santo. La tarde había sido radiante. No es normal en esta época del año que en Galicia tengamos este clima. Los tonos de los verdes circundantes me hacían sentir un pintor impresionista. Mientras el sol se ocultaba en el horizonte , me regaló una llamarada de colores naranjas, rojos y amarillos, que me hicieron pensar más que el día moría, que podría resucitar y que no hubiera noche, pero la luna no quería perderse el paisaje de mi tierra. La niebla empezaba a cubrir los valles y en mi cabeza aparecieron los cuentos y las historias de la Santa Compaña y la creencia de que si no vas a Santo André de Teixido de vivo, irás de muerto transformado en cualquier animal, por eso no hay que pisar nada vivo, cuando llevas una piedra a un lugar determinado cerca del pequeño pueblo. Sentado en un banco de "La Calzada Romana" un restaurante de un nuevo amigo, dos perros de raza loba se acercaron a mi y me lamieron la mano . Nos miramos, uno parecía más un lobo que un perro con su hocico negro, pero es ya muy mayor , 14 años. Dejamos que el frío entrara en nosotros y que la noche nos abrazara. Me fui a dormir , eran casi las 8,30 de la tarde y comprendí que el reloj de la Madre Naturaleza es el mejor para momentos como los que he vivido estos días. Gracias a todos. 
Nota: Seguir haciendo amigos a mi edad es un lujo.

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