niñez.

09.08.2014 21:43

La gente ya se ha marchado. La estación de tren guarda sus recuerdos entre las fotos de la cafetería, y yo cierro las salas del museo y escucho el silencio y los cuentos secretos de los árboles. Los castaños y lo robles se cuentan historias de hombres lobo, y el sol se marcha lentamente como no queriendo irse de este hermoso lugar donde nacía hace ya 64 años. E¡los recuerdos se acumulan en mi mente y parezco escuchar la voz de mi abuela llamándome para cenar. Unos vecinos me invitan a un poco de licor café y los olores a matanza y a siega vuelven a mi cerebro como si fuera ayer cuando los olí por primera vez. ¡Que pronto pasa el tiempo, y que poco lo aprovechamos! Todos mis recuerdos como artista, duermen ahora en el último piso de la estación de tren, entre silencios y colores naranjas del atardecer. Cuando me marche, esto será lo que quede de mi, esto y un millón de sonrisas que se las habrá llevado el viento, pero como decía mi amado Neruda: "Prometo que he vivido".