Casi

19.02.2013 20:12

Casi suspendo el domingo en Valladolid por una faringolaringitis aguda y cosas del alma que duelen más que las físicas. Casi no podía hablar, pero la fuerza del cerebro es prodigiosa. El público fue una medicina inagotable, y su silencio en el último monólogo, algo que nunca podré olvidar, porque realmente se creó como en todas partes, una comunión entre el celebrante y los espectadores digna de la religión más exigente. Al terminar no podía con mi cuerpo y creo que me pesaba hasta el alma. Me pasé todo el domingo en cama hasta la hora de la función y a las 12 fui a urgencias donde fui atendido con verdadero cariño. Después a la cama otra vez y el cerebro machacando el corazón. No le deseo a nadie esos momentos de angustia de pensar que no podrás trabajar. El miedo a decir la primera frase y ver que no sale sonido de tu garganta. Han sido tres días difíciles para mi, pero ahora ya nunca podré dudar de que el público en Valladolid que quiere, y mucho. ¡Gracias! Dicen que los castellanos son secos, a mi no me lo parecen, son solo eso, castellanos viejos, y la edad hace mucho en temas de la vida.