Ayer

15.02.2014 13:16

Ayer, al terminar la función y mientras subía las escaleras que conducen a los camerinos, mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad y en mi corazón, hubo un volcán de gratitud hacia el Dios en el que creo. Las cosas no han sido fáciles en estos últimos años, pero parece que la puerta se abre de nuevo para poder caminar hacia la paz. El teatro no es muy grande, pero ayer no lo cambiaría por el teatro Real ni por el lugar mejor del mundo. La comunicación con el público fue tal ,que estoy seguro que más de uno no la olvidará en mucho tiempo. Mientras me quitaba el maquillaje, en el espejo del camerino pude ver de nuevo al Moncho de los ojos brillantes, el de la mirada repleta de luz y cariño, el mismo Moncho de la época de Cleofáas, con toda la ilusión puesta en hacer felices a los demás. Sentir esto a los 64 años, es como volver a la vida. El petirrojo se ha marchado a dar una vuelta por el retiro y yo me prepara para dos funciones esta tarde, que espero sean como la de Ayer. ¡Ayer! que rápido pasa la felicidad!