Aquella noche

05.11.2013 17:48

Aquella noche se me humedecieron los ojos. Más de una lágrima corría por mi mejilla sin el más mínimo recato. Sentado en la acera de enfrente de "Cleofás" en la plaza de Colón, en Madrid. Eran las cuatro de la mañana, había terminado mi función y los taxis recogían a los clientes.¡ Por fin mi nombre en bombillas ! había luchado mucho para aquello y había llegado el momento de recoger los frutos. Una felicidad desbordante me embargaba... han pasado treinta años y la noche de Madrid ha muerto. Ya no quedan discotecas donde los artistas puedan actuar, y mucho menos locales donde luego poder comer algo o tomar una copa. Ya nadie espera la crítica de la prensa porque ni se escriben, y no afectan en nada al funcionamiento del espectáculo. He recorrido España de cabo a rabo, y ahora sentado delante de mi portátil, me doy cuenta que aunque he hecho reír a millones de personas, este país tiene el "arte" de no tener memoria, y no solo con sus artistas, lo peor es que no la tiene con sus políticos y sus obras, ¡Es curioso! solo se acuerdan de Franco, pero no de todos los que nos están matando día a día, de la gente que se suicida y que no nombran, de la incultura en la que estamos cayendo, que es otra forma de morir. Me dan miedo los herederos de Franco, porque en nombre de la democracia están siendo de una crueldad que desconocía. Me duele ver a los socialistas callados y con el rabo entre piernas, como perros agradecidos por el silencio de los vencedores, y la Santa Iglesia callada ante las injusticias que se cometen a cada hora, si , no exagero a cada hora.Hoy me he vuelto a sentar delante de donde estaba "Cleofás" y mis lágrimas han sido de otro color y de tristeza heladora. No soy persona que se rinda ante las adversidades, pero he de reconocer que hay días, que me sentaría en un banco a la espera de una sonrisa amable. Da mucha pena comprobar como poco a poco en esta sociedad, los artistas somos cada vez menos necesarios, y ver como nos superan en la escala de valores, las drogadictas, los hijos de famoso sin cultura, los machos hinchados de hormonas... Espero y deseo que este invierno no se cierren muchos teatros, y en enero entraré en Madrid en el teatro Muñoz Seca, con la misma ilusión que cuando vine a Madrid por primera vez. Será un teatro pequeño, pero la grandeza de un artista no está en el aforo que consigue llenar, si no en lo que deja en los corazones de quienes van a verlo, o escucharlo. Yo estaré allí esperando a que vengáis, eso si cuarenta años más viejo. El petirrojo.